Amigos, recuerdos y… Couchsurfing

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Un sofá es un lugar tan bueno como cualquier otro para encontrarte con gente como tú. Foto vía Puntocaótico.

San Francisco, 8 de la tarde. Estoy ansiosa por explorar esta ciudad desconocida, de compartir experiencias y de conocer gente nueva… pero los dos amigos que me acompañan son criaturas diurnas que disfrutan yéndose temprano a la cama. Entonces me acuerdo de que existe Couchsurfing, una web para gente viajera que conecta con otros viajeros con ganas de conocer la vida local y sitios nuevos, sin dejarse un pastón por el camino.

La primera vez que oí hablar de Couchsurfing fue mientras trabajaba en Brighton, a través de un amigo que se sabía todos los trucos posibles para disfrutar de diversión y experiencias gratuitas en Inglaterra. Yo disfrutaba y me reía muchísimo con sus historietas, aunque lo gratis “per se” no me interesaba. Couchsurfing me pareció algo distinto y como me gusta “salsear”, me metí en la web, me registré y estuve echándole un vistazo sin llegar a utilizarla. Fin de la historia.

No me acordé de nuevo hasta un año después, ya de vuelta en España cuando estaba a punto de comenzar una nueva etapa de voluntariado en fincas de permacultura. En uno de los viajes de una finca a otra, tenía que coger un barco en Palma de Mallorca muy temprano por la mañana. No me daba tiempo a llegar en bus desde la montaña, no conocía a nadie y contacté con un anfitrión de Couchsurfing para pasar la noche en la ciudad. Reconozco que no lo hice sin cierto temor. Indagué en la web y busqué a una persona que compartía mis mismas aficiones y… que vivía con su madre, por si acaso.

Practicar couchsurfing es mucho más que tener un lugar en el que dormir cuando viajas. Foto vía Couchsurfing.org

Practicar couchsurfing es mucho más que tener un lugar en el que dormir cuando viajas. Foto vía Couchsurfing.org

Tuvimos una cena súper agradable y fueron muy amables conmigo. Me acuerdo de la sensación de estar infinitamente agradecida y sentirme un tanto flipada por encontrarme de repente durmiendo en casa de unos extraños y a la vez sintiéndome tan a gusto. Me dio pena irme tan pronto.

La segunda vez fue en Ibiza. Pero esta vez para compartir coche (todavía no existía BlaBlaCar ni nada parecido). Una chica italiana, Patrizia, quería alquilar un coche para visitar la isla y contactó con otra gente viajera que estaba por allí, con la idea de compartir gastos. Acabamos juntándonos un grupo formado por una italiana, una alemana, un inglés y yo -¡parece un chiste! ;). Cada uno de nosotros traía historias y experiencias que contar y compartir. Hice muy buenas migas con Jezabella, la chica de Alemania. Súper bonica.

Esta segunda vez me di cuenta de lo importante que eran las referencias en el perfil de Couchsurfing. Había en realidad dos cosas importantes: que la identidad de los perfiles estuviesen verificadas (se hace a través de tu cuenta bancaria) y que tuviesen referencias positivas.

Y un año después es cuando me encuentro en San Francisco, y me vuelvo a acordar de Couchsurfing. No necesitaba un lugar donde dormir pero me apetecía conocer a gente que ya estuviera allí y sobre todo escuchar las vivencias de otras personas. Vi que había una quedada de gente viajera y allá que fui. Allí conocí a Sole y sus amigas, a Taka y sus amigos y a Niki y compañía. Ese encuentro produjo un efecto multiplicador de gente que compartíamos tiempo y vivencias.

Fotos-San-Francisco-Couchsurfing

Durante mi estancia en California tuve la oportunidad de ir al Harmony Festival, cenar con la gente que conocí gracias a Couchsurfing, visitar el museo de la Academia de la Ciencia e incluso hacer una excursión nocturna en la que practicar fotografía. Fotos de María José Fuertes.

Ya de vuelta en casa me contacta una chica desde Canadá. Viene con su madre a España y les gustaría visitar la costa, “¿nos podemos quedar en tu casa a dormir?” Era mi primera experiencia como anfitriona. Miré su perfil, leí sus correos, me daba buen rollo y teníamos además algo fuerte en común: la danza. Le dije que sí. Y nos lo pasamos en grande. Acabaron quedándose más días, todavía a día de hoy nos escribimos de vez en cuando, de hecho tengo una invitación pendiente para ir a un festival de danza a Canadá

Ahora me doy cuenta de que esas vivencias eran el preludio de lo que se estaba poco a poco cocinando a fuego lento, pero de manera constante: toda una nueva época marcada por una forma diferente de consumir, de compartir los recursos y de formar comunidad. Posteriormente aparecieron plataformas como Airbnb, donde alquilar habitaciones en casas particulares (alquilé una en Girona y otra en Málaga, otras dos experiencias estupendas), BlaBlaCar para compartir coche, servicios para compartir bicis, para hacer trueque… y tengo la sensación de que esto es sólo el principio.

También hay que decir que estas experiencias no están exentas de riesgos, no toda la gente que me he encontrado y todas las historias que he escuchado son maravillosas y estupendas. Hay gente que se apunta a sitios como Couchsurfing simplemente para ligar a saco sin más. También ha habido algún caso de robo (lo dicho, importante la identidad y las referencias), pero sí que es cierto que con sentido común y una buena dosis de confianza y amabilidad se propicia una forma diferente ya no sólo de consumir sino de relacionarse.

Una vez, antes de irme a uno de los viajes, alguien me preguntó “¿Y te vas sola?”. Yo me quedé desconcertada, perpleja. Me costó entender la pregunta y era porque en mi cabeza no me iba de viaje sola. Muy al contrario, comenzaba una experiencia con la confianza de encontrar amigos a quienes aún no conocía en persona. Y creo que es una de las partes más bonitas de la economía colaborativa, no sólo compartes recursos sino que además creas una red de gente y en muchos casos, forjas amistades que en la soledad de un hotel nunca hubiesen sucedido.

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