Sí, que sirva de precedente

molinos-viento

Tengo sospechas fundadas de que sin comerlo ni beberlo, me asalta la madurez con el mundo patas arriba y yo con estos pelos.

Por delante, la generación de mis padres que vivieron el alzamiento de los años del consumo desenfrenado y envejecen viendo como todo el tinglado se derrumba de forma lenta pero fulminante.

Por detrás vienen aquellos que nacieron en los 90, los millenials, que parecen estar acostumbrados a vivir en la incertidumbre y que han crecido haciendo hambre de oportunidad.

Y en el medio los hijos del baby boom: que crecimos programados para la ecuación educación+trabajo = vida burguesa. Pero esas premoniciones no se están cumpliendo y, afortunadamente, nos resistimos a conformarnos a una vida de corte precario.

Y algunos empezamos a reaccionar. Yo, como hija de esa generación saco algunas conclusiones:

Sabemos que para que la cosa cambie, tenemos que cambiar nosotros. Que los patrones de hace 10 años tan desfasados como el uso del polisón.  Y que ante tanto desajuste se están poniendo a prueba el valor, la resiliencia y la valentía de muchos.

Que sí, ya sabemos que también sale lo peor. No dejamos de verlo y tampoco dejan de repetírnoslo.

Lo que no nos dicen tan a menudo es que también vivimos una explosión de creatividad sin precedentes. Surgen nuevas formas de ver la vida, de afrontar los problemas y empezamos a replantearnos algunos hábitos. Nos encontramos con la necesidad de rescatar conocimientos de generaciones anteriores y nos las estamos ingeniando para adaptarlos a este “mundo feliz”. La sabiduría es un valor que no sabe de siglos ni de fechas de caducidad.

La ciencia y la tecnología se han democratizado  y temas como la sostenibilidad de recursos del planeta, las relaciones que tenemos y el funcionamiento del cerebro ya no se tocan únicamente en foros especializados: estas palabras están saliendo  aulas y los laboratorios para encontrar el sol de la calle.  En definitiva, ahora valoramos más que nunca el conocimiento y las viejas fórmulas del éxito comienzan a cuestionarse: ahora se suman las métricas del bienestar, las relaciones y el conocimiento a la ecuación monetaria ¡Aleluya!

“Para generar cambios es necesario pensar que el cambio es posible y zafarse del atasco mental que producen la invasión de mensajes apocalípticos, ¿y si comenzamos por crear refugios de luz en el que armarnos de recursos que para desintegrar la cultura de la parálisis permanente?”
Elisa López Fuentes, Fundadora de The Positive Trend

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